@Oscar_Barreto10
Los reacomodos del bloque de poder en el Tolima
«[…] políticos que aparentaban estar en márgenes diferentes aparecieron juntos en fotografías preocupados por el Tolima».
tomado de: @Oscar_Barreto10
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Los reacomodos del bloque de poder en el Tolima
«[…] políticos que aparentaban estar en márgenes diferentes aparecieron juntos en fotografías preocupados por el Tolima».

El ajedrez político en el Tolima se ha venido reconfigurando desde hace un año. La reciente aparición de Óscar Barreto «El Altísimo» y su pupila y candidata a la gobernación, Adriana Magaly Matiz, junto al otrora cacique Alberto Santofimio Botero, condenado por la Corte suprema de Justicia por su participación en el asesinato de Luis Carlos Galán; y en otra con el exfiscal general de la nación de estirpe liberal, Alfonso Gómez Méndez, así lo confirma.

Los resultados de las elecciones legislativas de 2022 abocaron a unos reacomodos extraños. Luego que los «alternativos» obtuvieran dos curules en la cámara de representantes por el Tolima: una con la profesora Martha Alfonso y otra con la empresaria del chance Olga Beatriz González, el mapa político ha expresado rarezas inusuales. Desde ese entonces políticos que aparentaban estar en márgenes diferentes aparecieron juntos en fotografías preocupados por el Tolima y sus municipios. Sin embargo, sus prácticas políticas siguen igual. Tanto unos como otros, a través de viejos y nuevos caciques, siguen promoviendo acuerdos y priorizando la repartija de la torta burocrática departamental.

La reunión de Santofimio con Barreto fue para robustecer la candidatura de la ex representante Matiz como la futura gobernadora del departamento. Mientras tanto, los caciques Jaime Yepes del Partido de la U y Edward Osorio del Centro Democrático (ambos excongresistas), junto con el alcalde Hurtado, el senador Miguel Barreto y el congresista Mauricio Jaramillo; han formado una alianza en contra de Óscar Barreto. Ellos, a nombre del mal llamado toconbar (todos contra Barreto), se han dedicado a definir –a puerta cerrada y en cafés de la ciudad musical– los nombres de los futuros candidatos a las elecciones de octubre.

En miras de lacerar el poder de «El Altísimo», Yepes contempló candidaturas sin el consenso de los demás. La insinuación de su esposa a la gobernación del Tolima no sentó del todo bien, por el contrario ha venido generando fisuras al interior del variopinto toconbar. Su constitución, que está dada por personalidades fluctuantes o liquidas en la política local y departamental, no les ha permitido un criterio unificado para entrar en la disputa. De hecho, algunos de este grupo en su momento apoyaron desde las sombras la revocatoria de el alcalde Hurtado, usando para ello incautos líderes «alternativos» y jóvenes activistas de la ciudad en contubernio y legitimidad de sectores políticos del Pacto Histórico.

Desde otra orilla, existe un incipiente y débil acuerdo entre los llamados «alternativos» para ganar la alcaldía de la capital tolimense. En este figuran algunas fichas verdes (la profe Martha Alfonso y Renzo García), una del Polo Democrático Alternativo a través de Rodrigo Valero (esposo de la profe Martha), una liberal con Camilo Delgado y una vinculada la familia Hincapié; incluso, por la cercanía de los últimos con Guillermo Alfonso Jaramillo no es raro que dentro del acuerdo también esté la familia Martínez del Espinal. El punto es que hay un esfuerzo aparentemente mancomunado por pretender la alcaldía: la influencia lograda por la representante a la Cámara y el diputado a la asamblea del Tolima está siendo movilizada en la disputa por la Ibagué, complementada con el trabajo desarrollado desde fundaciones y entidades aparentemente sin ánimo de lucro; el esfuerzo del Partido Liberal enmarcado dentro del Pacto Histórico no se queda atrás y muchos menos el de una familia vinculada al jaramillismo y dedicada al negocio de la construcción en la ciudad. Todos han alineado sus miras hacia un mismo objetivo.

Aunque el ajedrez político presenta novedades en materia de alianzas, hay un elemento ausente: el protagonismo de la gente. Tanto el grupo de «El Altísimo» pasando por su disidencia hasta el de los «alternativos» no cuentan con el concurso significativo de los de a pie. Todos, a nombre de los tolimenses e ibaguereños, se promocionan como una opción idónea: ¿Cuándo le tocará al pueblo? Estas sorpresivas alianzas ponen en evidencia el hambre por el poder, el control de los recursos estatales y la torta burocrática. Por esto, una opción de cambio desde abajo es urgente. El departamento y la ciudad musical necesitan un movimiento político de raíz popular y social que incida y marque los derroteros para la formulación de políticas acordes a las necesidades y sentires de su gente. No más pactos desde arriba y en medio de secretos, no más acuerdos clientelistas, no más politiquería, no más alianzas entre corruptos.

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