No es normal sentir miedo

Ojalá algún día, podamos salir a nuestras calles o decir públicamente lo que pensamos, sin el temor de saber que una amenaza, hostigamiento o la muerte misma, serán la respuesta de quienes no alcanzan a dimensionar la palabra respeto por el que piensa diferente. No es normal sentir miedo. No es normal.


Uno viviendo en otro país, “se da cuenta que en Colombia nos acostumbramos a vivir con miedo, y eso no puede ser normal. Eso no es normal”. Una y otra vez me repito esa frase. En realidad, cuando la escuché lloré porque es de esas verdades que, a veces, uno no quiere creer ni aceptar. Caminar en las calles siempre vigilantes de quién viene o va, abrazando casi permanentemente nuestras pertenencias, desconfiando de la gente es parte de nuestra rutina diaria. Inconscientemente, desde que uno sale de la casa está en modo alerta.

Esa fue la normalidad a la que generaciones enteras nos acostumbramos en Colombia ¡Cuídese por ahí! No se demore mucho en la calle. Llame cuando llegue. Eso es mejor que no salga a esta hora, mijo(a). No de papaya. Eché eso en el bolso mejor, que nadie se lo vea. Podría seguir escribiendo tantas frases como estas que, muchos de nosotros, hemos escuchado de parte de nuestros familiares o amigos. Todas tan normalizadas, como si es que vivir en ese estado de desconfianza fuera normal.

En algún momento durante este año, escribí sobre aprender a confiar, pero en realidad creo que no están fácil como escribirlo, sobre todo cuando esto es un trauma intergeneracional. Nuestros padres y madres han vivido y escuchado esas frases de miedo y desconfianza también de sus madres, padres, abuelos y abuelas, tantas generaciones hacia atrás, como hacia delante. No hay una sola generación de colombianos que haya vivido un día de tranquilidad. Ese privilegio, es el de pocos, y no precisamente de los que viven en Colombia, sino de esa diáspora de millones que andan en otros países.

Y hasta ahora, solo me he referido a un día normal, en la vida de cualquier colombiano promedio. Por estos días de protesta, o en cualquier momento de la historia de Colombia donde la gente sale a marchar, ese miedo aumenta, porque no sabemos si vamos a volver vivos o golpeados a casa. De las tantas marchas o espacios de protesta de los que he participado, no recuerdo ninguno en el que me haya sentido completamente tranquilo. Siempre estuvo presente esa sensación de que algo puede pasar o de desconfianza de quien está a mi lado.

Tan diferente es cuando uno está por fuera de su país, porque lo que uno siente entonces es nostalgia, tristeza y dolor colectivo, pero no miedo de salir a manifestarse, a decir lo que se piensa. Recuerdo el paro agrario de 2013, estando por fuera de Colombia, varios colombianos nos encontramos y en calma, sin sentir miedo, protestamos.

Hoy en medio de este histórico Paro Nacional de 2021, vuelvo a las calles con tranquilidad, pero una tranquilidad melancólica porque no estoy en mi territorio. Protesto a miles de kilómetros, y lo hago, por segunda vez, sin sentir terror. Ese terror que están sintiendo quienes son masacrados en las calles de Cali, Bogotá, Ibagué o cualquier municipio de Colombia, donde la dignidad es más grande que la extensión de nuestro territorio. Ojalá algún día, podamos salir a nuestras calles o decir públicamente lo que pensamos, sin el temor de saber que una amenaza, hostigamiento o la muerte misma, serán la respuesta de quienes no alcanzan a dimensionar la palabra respeto por el que piensa diferente. No es normal sentir miedo. No es normal.