La disidencia como alternativa política

«Hoy la derecha no encarna una posibilidad real por la profunda crisis hegemónica y civilizatoria que atraviesa y, de otro lado, ciertas corrientes de izquierdas responden a los intereses particulares de las derechas conformando un mismo bloque de poder.»


Unos meses atrás, no escuchábamos con frecuencia por la prensa radial-escrita y en distintos círculos políticos la expresión «disidencia». Hoy en día, dicha expresión hace referencia, en principio, a los insurgentes que no se acogieron al fallido proceso de paz firmado entre las antiguas FARC-EP y el Gobierno Nacional. Como pan del día a día, salen a relucir hechos noticiosos en los que la «disidencia» o «disidencias» son parte del enemigo interno en nuestro país, un fantasma al que se debe combatir así como el vandalismo, el narco-terrorismo, el Castro-Chavismo y todos los adjetivos que se han inventado para denigrar de cualquier lucha de contrapoder en Colombia y en nuestra América.

En una pequeña reunión con algunos colegas pertenecientes a organizaciones de izquierda alternativa me preguntaron, en voz baja y con cierto tufillo de temor, si yo era parte de alguna estructura u organización disidente. Mi primera reacción sorpresiva fue de risa, seguida de una reflexión corta pero profunda, dando lugar a que efectivamente en política puedo afirmar que soy disidente. Respondí: soy parte de la disidencia en tanto di un paso al costado a la dualidad entre derecha e izquierda, así como no siento representación por parte de la derecha, tampoco siento que ustedes representen los anhelos de los desposeídos. Hoy la derecha no encarna una posibilidad real por la profunda crisis hegemónica y civilizatoria que atraviesa, y ciertas corrientes de izquierdas responden a los intereses particulares de unas derechas conformando un mismo bloque de poder. Sin más comentarios y un poco confusa la respuesta para mis colegas, molesta por sobre todo, el tema quedó sobre la mesa sin hacerse ninguna otra referencia.

Después de un tiempo, me quedé pensando en aquella conversación con mis colegas, y en una charla amena con un gran amigo indagamos si una alternativa política puede ser la disidencia. Si la derecha no es una posibilidad y las izquierdas dejaron de ser alternativas, asentamos afirmativamente. Las izquierdas abandonaron las justas luchas de los pueblos oprimidos y dejaron a la población que dicen representar a merced del totalitarismo del mercado. Varios proyectos políticos de las denominadas izquierdas buscan salvar el capitalismo del propio capitalismo, impulsando algo así como un capitalismo social (al estilo de Gustavo Bolívar), o un capitalismo progresista.  Asimismo, la conversación giró en torno sobre la izquierda ausente de las justas luchas de los pueblos, una izquierda fucsia (denominación del filósofo marxista italiano Diego Fusaro) que posa de políticamente correcta, anclada en la cultura de la cancelación y renunciando a toda posibilidad real de transformación. Pasado un tiempo de conversación sobre el tema, afirmamos que la disidencia en estos tiempos se presenta como oportunidad política.

En este contexto convulso, es importante reflexionar sobre la disidencia crítica como una forma de movilización del espíritu rebelde, que no haga parte del fetiche de lo políticamente correcto. Es trascendente abrir un abanico inmenso de posibilidades que permita recuperar el sentido de la historia, el lugar del sujeto en ella para volver a recuperar el anhelo de transformación de nuestras realidades hacia la concreción de otros mundos posibles.

Rafael Aguja
Rafael Aguja
Sociólogo, conspirador y pesimista; amante del rock extremo, militante de la vida cotidiana y soñador de causas perdidas. Odio la competencia y lucho por la dignidad de los pueblos de nuestra América.