La colonización en América: una sucinta mirada desde la película También la lluvia

Icíar Bollaín / España-México / 2010 /104 Min.


También la lluvia, es una coproducción -España-México- (Morena Films) del año 2010 dirigida por Icíar Bollaín y protagonizada por Juan Carlos Aduviri, Gael García Bernal y Luis Tosar. Esta cinta trata sobre sobre los eventos, incidentes y episodios que experimentan un grupo de personas participantes en el desarrollo del rodaje de una película en Bolivia que quiere evocar el proceso de colonización en América, recurriendo a la figura de Cristóbal Colón y haciendo especial énfasis en la brutalidad con que se llevó a cabo este proceso de conquista.

El film comienza con la presentación del contexto socio-cultural en el que se desarrolla la película, es decir, la Bolivia de principios del siglo XXI, caracterizada por un clima de tensión social y de lucha de las comunidades indígenas por sus derechos, sobre todo en el territorio de Cochabamba. Continúa de manera especial con la presentación de los actores y el casting que se desarrolla para escoger a los participantes de la película. Resulta importante mencionar esto, ya que es allí donde realiza su primera aparición “Daniel” (Juan Carlos Aduviri), personaje central del film que desde esa primera aparición demuestra los rasgos que lo caracterizan como un hombre rebelde, líder y contestatario.

En las escenas primeras e intermedias de la película, se pueden apreciar el problema con el agua que tienen los habitantes de Cochabamba, representado en la llegada de la camioneta de los trabajadores de la empresa privada que quiere monopolizar el agua para ofertarlo como un servicio, los cuales son rechazados por habitantes del populoso sector y expulsados en medio de ataques contra el vehículo. La película continúa con el desarrollo del rodaje, la denuncia de Montesinos ante el púlpito, el roce entre Daniel y Costa, lo cual es una de las paradojas de la película, si se tiene en cuenta el carácter de denuncia que se hace al mismo tiempo de buscar sobreponer el interés de realización del rodaje por sobre un problema fundamental de quienes participaban en la producción.

Un momento trascendente ocurre cuando las mujeres indígenas se niegan a realizar la escena de ahogamiento de sus hijos, ya que, al negar tal acto, se niega uno de los episodios de la historia de la conquista y la práctica a la que se vieron sometidos los grupos de nativos que debían recurrir a esta práctica para evitar peores daños y atrocidades contra los suyos. La primera parte de la película realiza un contexto tanto de la película que se quiere rodar, como del contexto socio-cultural en el que se desarrolla dicho rodaje; se puede decir que éste primer momento tiene como momento axial, la insurrección llevada a cabo por la población contra las medidas que tomó el gobierno frente al servicio del agua y que marca un nuevo giro en la trama.

La película continúa con el dilema del rodaje de la cinta en medio de la agitación social por el problema del agua. Las conversaciones con el político y el jefe de la policía para sacar a Daniel de la cárcel, muestran de una u otra forma, cómo la historia se repite al poner la producción del filme, por encima del problema del agua y todo lo que implica ello. Lo paradójico resulta en el hecho de hacer un gran esfuerzo por grabar la escena de la cruz, en la que, entre líneas, se puede ver la denuncia y la resistencia contra los actos de barbarie realizados por los conquistadores, pero a su vez, obviando la grave problemática que sufren los habitantes del territorio donde están grabando, que hacen parte del mismo rodaje de la película como extras, logística, etc.

El drama del conflicto y la herida que sufre la niña –hija de Daniel- le dará más fuerza al argumento de la película, ya que muestra otra paradoja y otro punto de inflexión. La niña finalmente es rescatada, la producción queda atrapada en un retén militar, las peripecias a las que se ve forzado participar Costa para sacar a la niña del lugar junto a su madre, son escenas llenas de significación. Los actores finalmente les da tanto miedo que optan por abandonar el rodaje de la película y Sebastián se queda con “Cristóbal Colón”.

La niña es estabilizada, Costa va en busca de su padre, divaga por la ciudad, pasa por la empresa de aguas del Bolivia en la que se topa con la silueta de un sacerdote pidiendo que paren la lucha gritando con un campaneo “el agua es de ustedes” (como si él mismo no hiciera parte de la comunidad y se beneficiase con esa conquista popular). Costa se encuentra con Daniel, hablan sobre el estado de salud de Belén, la hija de Daniel, hablan sobre lo duro que resulta siempre ganar cualquier cosa, sobre el futuro, al que Daniel se refiere: “sobrevivir, como siempre”. Se despiden de una manera muy emocional; Costa recorre en un taxi la ciudad de Cochabamba mientras destapa el regalo que le dio Daniel y ahí se da cuenta que es un frasco de vidrio con agua. Interesante final que deja muchas reflexiones y que nos hace pensar efectivamente en la urgencia de la lucha por el agua, que es la lucha por el territorio y por la vida.

Finalmente, me gustaría enfatizar en la escena de la cruz, en la que incineran vivos a Daniel y otros actores indígenas, pues se puede ver claramente la forma indigna en la que aseguran el sometimiento de los aborígenes por medio de –como dice Colmenares- aperrear, quemar, dar tormento. Este tipo de prácticas, que se permiten ver concisamente en la película con la quema de Daniel y con el aperreamiento contra la mujer que queda a orillas del rio sola y es alcanzada por los españoles, fueron las que llevaron a la casi desaparición de pueblos indígenas en el caribe, “Antes de 1520, en Puerto Rico se habían acabado tanto el oro como los indios, y la isla, antes muy poblada, quedó prácticamente deshabitada. Se transformó en otra isla inútil” cuenta Marchena y Caravaglia, historiadores expertos en el tema. Todo esto fue lo que llevó a que los visitadores y autoridades a fin de garantizar en alguna medida el respeto y la no esclavitud, establecieron resguardos para los indios.

Jairo Andrés García
Jairo Andrés García
Errante y caminante insaciable; amante de la historia, el deporte, el cine, y las luchas sociales. Guardián de la naturaleza, músico frustrado y poeta fallido. Mi tiempo pasa entre lecturas, películas, caminatas, luchas, conspiraciones y sobretodo entre gente Común y Corriente.