El reto de un pacto que se proyecta histórico

Petro, la Colombia Humana y un programa con un fuerte componente social despuntan como agentes relevantes en la incipiente contienda política y son los que están sincronizando los grupos de interés opuestos y diferentes a los hegemónicos. El punto neurálgico de esto tiene que ver con el actual raigambre social, popular y territorial que puede soportar esta apuesta.


Una apuesta sin igual está protagonizando la izquierda, los progresistas y los demócratas de Colombia. Los principales líderes y liderezas de la Colombia Humana, junto a otras tendencias de izquierda, han jugado por hilvanar una acción colectiva hacia el escenario electoral venidero. La crisis económica y social originada por la pandemia del COVID 19, y los sesgos de la gestión de Iván Duque han modificado la balanza. Su inclinación, en este sentido, parece favorecer la irrupción de una iniciativa de cambio. Estos factores y la conciencia de aunar esfuerzos han amalgamado un Pacto Histórico, es decir una alianza de cara a las legislativas y las presidenciales de 2022.

El acontecimiento político propiciado por La Mencha (Margarita Rosa de Francisco) con la lectura del documento originario de este pacto ubicó a Gustavo Petro como parte activa de la situación política colombiana. De su posición en el legislativo, él pasó a ostentar el titulo de precandidato presidencial. De hecho, María Isabel Rueda, columnista de El Tiempo, lo proyectó como un contrincante de peso mayúsculo, porque es quien más posibilidades tiene de canalizar el malestar social producto de la gestión de Duque. Petro, la Colombia Humana y un programa con un fuerte componente social despuntan como agentes relevantes en la incipiente contienda política y son los que están sincronizando los grupos de interés opuestos y diferentes a los hegemónicos. El punto neurálgico de esto tiene que ver con el actual raigambre social, popular y territorial que puede soportar esta apuesta.

El número de votantes ganado por Petro en 2018 fue histórico con respecto a los obtenidos por la izquierda y sus aliados en años anteriores. El panorama derivado de la firma del acuerdo con las antiguas FARC-EP, al igual que el acumulado organizativo del movimiento social y popular, jugó a favor de él. Sin embargo, el presente ya no es el mismo. El movimiento campesino, indígena, juvenil y estudiantil no es igual de vigoroso. Las organizaciones del espectro social están enfrentando serios problemas, en alguna medida por las acciones de contención del COVID y por la virtualización de las relaciones sociales. Esto supone que los actores que una vez forjaron y soportaron el electorado de Petro no están en las mismas condiciones de otrora.

El pacto, en este contexto, es una apuesta por remediar la situación descrita. Aunque algunos califican su naturaleza como un viraje en la táctica del excandidato presidencial, lo cierto es que constituye una jugada para acumular una fuerza social y política. Al pasar de una forma de acción con base social y ciudadana, el Pacto Histórico augura una suerte de alianzas en la que entran en juego otros intereses. Esto implica sumar esfuerzos con quienes no están en el espectro de la izquierda y el progresismo, lo cual puede modificar la forma de hacer política de la Colombia Humana y el alcance de su propuesta de cambio.

La movilización social que estalló a finales de 2019 y durante 2020 es un punto medianamente a favor para la alianza en curso. El malestar que la motivó y los pendientes que dejó siguen siendo el sustrato de un proyecto de cambio. Las reivindicaciones del Pliego de Exigencias del Comité Nacional de Paro sintetizan las problemáticas acuciantes de una franja considerable de los colombianos. Por ende, los factores originarios de dicha movilización constituyen el conjunto de condiciones objetivas sobre las cuales los actores del Pacto Histórico han venido trabajando. ¡Imposible si esto no conduce a un rédito electoral futuro!

No obstante, el espontáneismo de esta movilización no es una garantía plena en la estructuración de esta opción política. La fragilidad del “nuevo” sujeto, el cual es esencialmente urbano y juvenil, así como su dispersión y la ausencia de proyección, hace que su acción sea limitada en la escena política electoral. En otras palabras, el presente de lo que ha sustentado el movimiento social y popular colombiano constituye un andamiaje endeble con perspectiva electoral: sus dinámicas y acciones son más contestatarias que orgánicas (ancladas a una estructura y a un programa de largo aliento). En estas condiciones, el Pacto Histórico es una necesidad inaplazable, porque abre la puerta para unir lo existente y parcialmente estable.

La inconsistencia, la fragmentación y la inestabilidad del “nuevo” sujeto no suponen el fracaso futuro del pacto. El llamado a la unidad que constituye es loable en un momento de restructuración de las dinámicas de acumulación capitalista en Colombia y en procura de aislar al uribismo. El problema que entrevé guarda relación con el soporte social de una posible victoria en las presidenciales y las legislativas de 2022. La ausencia de referentes organizativos sólidos y con raíces en los territorios comporta un riesgo, porque el Pacto Histórico no tendría la fuerza para modificar la correlación de fuerzas a nivel microsocial. Ante esto, la formula no puede pasar por lo que Raúl Zibechi caracteriza como un puro cambio desde arriba, es decir desde la institucionalidad gubernamental y estatal.

La fuerza de una alianza con vocación electoral y de poder pasa por unas raíces sociales y territoriales fuertes. Los éxitos en las urnas no deben depender de una maquinaria electoral o de unos acuerdos por las alturas. Una opción de cambio requiere del concurso activo y creativo de los de a pie. Su organización, cualificación, articulación, conversión en poder desde abajo y movilización son la salvaguarda para un cambio histórico. El pacto es un paso en este camino, pero requiere del acumulado suficiente para alcanzar y, en especial, mantener un posible rédito en 2022. Quedan menos de dos años para avanzar en esto, a menos que el periodo presidencial sea prolongado.

Juan Bermúdez
Juan Bermúdez
Estudioso de la pedagogía, la educación, el lenguaje y el discurso; apasionado por la política y los problemas sociales. Ocasionalmente, docente enfocado en los procesos de lectura y escritura, así como en los métodos y las metodologías de la investigación. En los ratos libres, educador popular en comunidades indígenas y campesinas.