Comer en Colombia cuesta…

Urgen esfuerzos en materia de experiencias de resistencia desde las economías solidarias, circulares, colaborativas, que rompan el cerco del capital así como del mercado, que logren generar experiencias prácticas de defensa del territorio y constituyan una soberanía y seguridad alimentarias.


Desde el primer trimestre de 2020, los precios de los alimentos en Colombia han venido en aumento considerablemente. Esto como consecuencia de la pandemia de la COVID-19, y por las nefastas políticas del gobierno nacional. Las consecuencias: llevar a grandes capas de la población colombiana a un desmejoramiento de sus condiciones de vida y arrastrar cada vez a más personas a engrosar la lista de pobreza y vulnerabilidad.

Como es sabido, la pandemia de la COVID-19 modificó sustancialmente las dinámicas en todas las esferas de la vida social y en el mundo. La economía no fue ajena a este cambio y en esta se expresó el aumento considerable de precios en bienes y servicios a nivel mundial. La mano de obra, el transporte y la producción, sufrieron interrupciones y los proveedores resultaron afectados. Al mismo tiempo, la demanda por esos bienes y servicios seguía creciendo, lo que –según algunos expertos– podría conllevar a una inflación. Según el índice de precios de los alimentos de la FAO, por ejemplo, alcanzó su nivel más elevado desde julio de 2011 y se situó en octubre de 2021 en un 3% más que en septiembre y un 31,3% más que en octubre de 2020.

El gobierno de Iván Duque, lejos de proteger y garantizar una suficiencia en la producción nacional, apuntó al rescate del capital financiero, la gran industria y al empresariado hegemónico del país. Solo hay que ver el rescate financiero a los bancos realizado con la plata de un fondo de pensiones del Estado (FOPEP), las maniobras para prestarle a la aerolínea AVIANCA –la cual no es colombiana y de la que la hermana del presidente es una alta directiva– la bobadita de 370 millones de dólares; así como otras triquiñuelas que beneficiaron al bloque de poder y dejaron excluidos a quienes verdaderamente necesitaban un rescate financiero o políticas gubernamentales que dinamizara la ya agobiada producción nacional.

¡Claro! Era de esperarse de un gobierno puesto por un bloque de poder cuya fuerza se haya precisamente en el campo financiero, industrial, empresarial y latifundista. Un gobierno que gobierna para sí, para las castas que le son propias y de las cuales se nutre y alimenta; un gobierno que gobernó en un año de pandemia con más de una centena de decretos, un gobierno que impuso una reforma tributaria y luego quiso imponer otra; un gobierno que ha llevado a la quiebra a varios sectores económicos de la sociedad con las importaciones de arroz, café, mariscos, maíz, trigo y otros alimentos que hoy representan, junto con los productos agropecuarios y las bebidas, el 15% del total de las importaciones del país que aumentaron un 31,6%, frente al mismo mes de octubre del año anterior, como lo aseguró Portafolio en su portal web.

Si revisamos, el incremento de precios en los alimentos en Colombia, nos damos cuenta que los aceites comestibles tuvieron un incremento anual del 41,35%, como lo registró el mismo DANE. Asimismo, la carne de cerdo y sus derivados registraron un aumento del 28,2%, la de res un 27,03% y el pollo un 23,83%. En el caso de la papa, otro alimento básico en los hogares colombianos, también se registró un aumento significativo del 29,19%. Y así, podemos ver el aumento de los huevos (22,3%), las frutas (23,35%), las hortalizas y las legumbres frescas (20,37%) o el gas con el que se preparan los alimentos que aumentó un 15,31%.

Este incremento continuo en los alimentos, los bienes y los servicios en general, así como el descontento ciudadano, generó en nuestro país un clima de agitación y movilización social que puso a tambalear al bloque de poder, el cual recurrió a la represión severa contra la población movilizada para el mantenimiento de su poder. A pocos días de terminar el 2021, con una inflación anual de 4,51% y unas políticas de gobierno enmermeladas de cara a las elecciones del próximo año, el panorama apunta a agudizarse y todo parece indicar que estamos entrando en el desabastecimiento de algunos productos, que no son más que los síntomas de esta enfermedad a la que nos ha llevado el sistema económico mundial y las políticas regresivas en materia económica del gobierno nacional. Urgen esfuerzos en materia de experiencias de resistencia desde las economías solidarias, circulares, colaborativas, que rompan el cerco del capital así como del mercado, que logren generar experiencias prácticas de defensa del territorio y constituyan una soberanía y seguridad alimentarias.

Jairo Andrés García
Jairo Andrés García
Errante y caminante insaciable; amante de la historia, el deporte, el cine, y las luchas sociales. Guardián de la naturaleza, músico frustrado y poeta fallido. Mi tiempo pasa entre lecturas, películas, caminatas, luchas, conspiraciones y sobretodo entre gente Común y Corriente.