Cinco años del plebiscito por la paz

Si vis pacem para bellum. Si quieres la paz, prepárate para la guerra.


Hace 5 años, en Colombia se llevó a cabo el Plebiscito por la Paz. En este se preguntó a la ciudadanía si aprobaba o no el acuerdo firmado por el gobierno de Juan Manuel Santos y las FARC-EP en La Habana, Cuba, conocido como el Acuerdo para la Terminación del Conflicto Armado y la Construcción de una Paz Estable y Duradera. Dicho plebiscito en Colombia representó una ruptura con el optimismo de millones de personas, expresó el sentir inquisidor del godo pueblo colombiano, ejemplificó una manera particular de hacer política con mentiras, y –sobre todo– marcó un derrotero para el siguiente lustro en la historia del país.

¿Por qué representó una ruptura con el optimismo de millones de personas? Según las encuestas previas a la votación, la gran mayoría del pueblo colombiano estaba a favor del Acuerdo de Paz. Al revisar la votación, varias ciudades capitales lograron imponerse ante la campaña del No, así como cientos de municipios golpeados por el conflicto de más de medio siglo. El optimismo de poblaciones como Bojayá, por ejemplo, donde más del 90% de sus habitantes votaron por el Sí, fue una muestra de lo que sucedió en varios lugares del país que veían en el Acuerdo de Paz una esperanza para sus territorios. La capital y el sur del país, las zonas rurales del país menos habitadas, algunas regiones como la costa Caribe y Pacífica y la gran mayoría de las víctimas de este cruento conflicto, tuvieron que guardar su optimismo y prepararse de nuevo para lo que se avecinaba.

Así pues, lo que se impuso en la votación, además del No, fue el miedo inquisidor de un pueblo colombiano conservador, camandulero y temeroso al cambio. Las iglesias cristianas, que veían en la mal llamada ideología de género un problema para la infancia y la juventud del país, sembraron el miedo en las familias colombianas con el absurdo argumento de un posible rayo homosexualizador proveniente de unas cartillas del Ministerio de Educación. Igualmente, la extrema derecha repetía una y otra vez que no habría justicia ante los crímenes cometidos en el marco del conflicto y que los ex combatientes farianos recibirían indulto y sueldo. Esos dos ejemplos sirven como expresión clara de que en nuestro país las mismas personas que pregonaban en su religión el perdón, la misericordia y la paz, atizaron la contienda electoral con sentires revanchistas, vengativos e inquisidores. Para ellos, lo único que importaba era el castigo por encima de la paz.

Este efecto fue el resultado de una campaña planificada por parte de la extrema derecha, la cual se basó en mentiras y teniendo a las redes sociales como su epicentro. El propio gerente de la campaña del No en entrevista al diario La República, Juan Carlos Vélez, manifestó: «la estrategia era dejar de explicar los acuerdos para centrar el mensaje en la indignación. En emisoras de estratos medios y altos nos basamos en la no impunidad, la elegibilidad y la reforma tributaria, mientras en las emisoras de estratos bajos nos enfocamos en subsidios. En cuanto al segmento en cada región utilizamos sus respectivos acentos. En la Costa individualizamos el mensaje de que nos íbamos a convertir en Venezuela». Con esas palabras, Vélez aceptó la estrategia sucia que usó la campaña del No para ganar y acabar con la legitimidad del Acuerdo de paz.

A nuestro criterio, esto es una clara muestra de la práctica política del uribismo, cuyas bases se hayan en el famoso Manual de Propaganda Nazi, el cual señala que «repetir una mentira cien veces termina por convertirse en verdad». Así, un señor como Juan Manuel santos, proveniente de la oligarquía nacional y tradicional del país, fue convertido por el uribismo y ante los incautos colombianos en «Castro-chavista». Por esto, se encargaron de hacer creer a la gente que «se le iba a entregar el país a las jar (FARC-EP) o que nos íbamos a convertir en otra Venezuela».

De esta forma, el uribismo resucitó, pues por aquellos días se encontraba perdiendo espacios en la política colombiana, y logró restarle legitimidad al Acuerdo de Paz, a pesar de las masivas manifestaciones que tuvieron lugar días después de los resultados en respaldo de este. Los resultados, en este sentido, marcaron los derroteros de la política colombiana en el siguiente lustro, ya que la mentira y las faltas de ideas se tomaron la palestra pública y las siguientes campañas electorales. Como dijo Zubiría, un país donde la gente no lee, donde la sociedad ha sido condenada históricamente a la ignorancia «es un país que no se mueve por ideas sino por emociones». Y fueron las emociones como la indignación la que movilizaron la votación del No: «estábamos buscando que la gente saliera a votar verraca», dijo Vélez en la citada entrevista.

Los resultados del Plebiscito por la Paz redefinieron la correlación de fuerzas existentes en la política colombiana. Con el uribismo reencauchado, en las elecciones presidenciales de 2018 logró poner la figura de Duque y ganar varias curules en el Congreso de la República con Uribe como cabeza de lista; también, logró cooptar las instituciones y acabar con la ficción de la separación de poderes al tener Fiscal, Contralor, Procurador y hasta Defensor del Pueblo, etc. Además, el plebiscito mostró de manera más clara los elementos retardatarios y reaccionarios de nuestra sociedad. Los conglomerados económicos como la organización Ardila Lule, el Grupo Bolívar, el Grupo Uribe, Codiscos y Corbeta, se erigieron en los verdaderos referentes económicos de la extrema derecha. Asimismo, las iglesias cristianas lograron erigirse en la base social de ese espectro político.

Finalmente, a cinco años del Plebiscito por la Paz, el uribismo logró imponerse y «hacer trizas ese maldito acuerdo», como lo dijo Fernando Londoño, alfil ideológico de ese espectro político. Otro resultado del plebiscito ha sido el desmembramiento de las FARC-EP como unidad política y una grave crisis humanitaria que atraviesa nuestro país con ocasión del asesinato sistemático de los firmantes del acuerdo, de líderes sociales, étnicos, ambientalistas y de defensores de Derechos Humanos. Pese a este repunte, podemos decir que nació una izquierda o, al menos, un bloque democrático o progresista, amplio y compuesto por distintas corrientes y movimientos sociales que de alguna forma se aglutinaron alrededor del Acuerdo. Este, es un acuerdo fallido que nos pone a repensar de nuevo la táctica y estrategia para quienes luchamos por la paz. Por esto, se debe recordar aquel viejo adagio latino: si vis pacem para bellum, «si quieres la paz, prepárate para la guerra».

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